sábado, 4 de julio de 2026

Seguridad para la Vida, No para el Cercamiento

 

ASOCIACIÓN MIGUEL RAGONE

Salta, Argentina · Julio de 2026

Seguridad para la Vida, No para el Cercamiento

Un llamado de la Asociación Miguel Ragone al personal policial, a los legisladores, a los municipios y a la población del monte anteño.

Por Fernando Pequeño Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA
A cerca de mi escritura asistida con IA.

Sintesis uno 

Contenidos

I.El monte como tejido vivo, no como vacío a proteger de su gente

II. Cuando la conservación se privatiza: la trama detrásde la capacitación policial

III. El caso del Río Seco: de la subsistencia al"delito ambiental"

IV. La herida invisible: memoria, vínculo con la tierra y"desjaguarización"

V. Una policía sin pueblo: raíces históricas de laseguridad del orden

VI. Anta, espejo de una tensión que atraviesa al país

VII. Hacia una seguridad popular, democrática y soberana:qué puede hacer cada actor

Para el personal policial, en particular la División Ambiental y Rural

Para los legisladores y el poder legislativo provincial

Para los municipios de Anta

Para la población del monte anteño

Conclusión: Un pacto por la vida en común

Referencias Bibliográficas

 

La noticia. Fuente original: https://www.tiktok.com/@canal7laslajitas/video/7658330852065086728?_r=1&_t=ZS-97kaSNqXe0Q

 

La Asociación Miguel Ragone dirige este documento a tres destinatarios que, aunque ocupan lugares distintos en la vida pública, comparten una misma responsabilidad sobre el futuro de Anta: el personal de la Policía de la Provincia de Salta —en particular quienes integran la División Ambiental y Rural—, los legisladores y funcionarios municipales que deciden las normas que rigen el territorio, y las familias criollas e indígenas que habitan, trabajan y cuidan el monte desde hace generaciones. A todos ellos, la Asociación quiere transmitirles una preocupación y, al mismo tiempo, una propuesta.

La preocupación es la siguiente: en el departamento de Anta, sobre el curso del Río Seco, un modelo de conservación ambiental impulsado por fundaciones y empresas privadas está utilizando a la fuerza pública para resguardar intereses comerciales, mientras trata como sospechosas a las familias que desde siempre pescaron, pastorearon y recolectaron en ese territorio. La Asociación Miguel Ragone documentó cómo, en la Finca San Fernando, jóvenes de comunidades vecinas fueron detenidos durante siete horas por pescar en el río que atraviesa esa propiedad, a raíz de una denuncia realizada por el personal de un emprendimiento de pesca deportiva que opera allí. Ese episodio, lejos de ser un hecho aislado, es la punta visible de un entramado más amplio: capacitaciones técnicas dictadas por corporaciones privadas a la propia policía provincial, bajo el lenguaje aséptico de la "gestión de externalidades ambientales".

La propuesta, en cambio, es de esperanza: la Asociación Miguel Ragone cree que es posible construir una seguridad rural que proteja el monte sin expulsar a quienes lo habitan, y que esa tarea depende de la voluntad conjunta de la policía, de quienes legislan y gobiernan los municipios, y de la propia comunidad organizada. Este documento recorre cinco ejes: primero, por qué el monte no es un vacío que deba "protegerse de la gente"; segundo, cómo opera la cooptación corporativa de la fuerza pública en Anta; tercero, qué heredó la institución policial de su historia larga y de su historia reciente, marcada por la dictadura; cuarto, por qué Anta condensa una tensión que atraviesa a toda la Argentina rural; y quinto, qué acciones concretas puede tomar cada uno de los públicos a los que se dirige este texto.

Conviene empezar por una idea sencilla, aunque poco repetida en los despachos oficiales: el monte de Anta no es una "naturaleza pura" a la espera de ser aislada del ser humano. Es lo que distintos investigadores han llamado un socio-ecosistema, una tapicería viva tejida durante generaciones por las prácticas de sus habitantes (Gómez, 2015; Ferrero & Arach, 2021). Pensar la conservación como el cercado de áreas "intocadas" repite un dualismo que separa artificialmente a la sociedad de la naturaleza (Latour, 2004; Santos, 2016), como si las familias que pescan en el Río Seco o que llevan sus animales al pastoreo fueran una amenaza para el ecosistema y no parte constitutiva de él.

La Asociación Miguel Ragone quiere ser clara frente a la población del monte anteño: cuando se recorta un pedazo de territorio y se lo declara "área de conservación estricta", lo que se corta también son historias de vida, rutas de trabajo y modos de sustento que las familias tejieron durante décadas (Ferrero, 2021). No se trata de negar la importancia de cuidar el bosque nativo —al contrario—, sino de discutir qué modelo de cuidado se está imponiendo y a costa de quién.

En Anta, ese modelo tiene nombre y apellido institucional: la Fundación Bosque y Vida despliega su actividad sobre la Finca San Fernando, un predio de entre 17.724 y 20.000 hectáreas ubicado sobre el Río Seco. En sus estatutos y plataformas digitales, la fundación promociona la "coexistencia armónica" y el "fortalecimiento comunitario", bajo estándares internacionales como los Climate, Community & Biodiversity Standards y el Verified Carbon Standard, orientados a la venta de bonos de carbono. La Asociación Miguel Ragone no discute que existan estándares internacionales de sostenibilidad; lo que problematiza es la distancia entre esa retórica y lo que ocurre en el territorio, donde el mismo modelo que promete "armonía" terminó denunciando y deteniendo a jóvenes por pescar.

Para entender cómo una fundación de conservación termina incidiendo sobre el accionar de la policía provincial, la Asociación Miguel Ragone considera indispensable nombrar a los actores y los mecanismos concretos. La licenciada Nidia Boggio, CEO de GMF Argentina, es una figura clave en los proyectos de carbono y conservación forestal de la región: se presenta como experta en Soluciones Basadas en la Naturaleza y, al mismo tiempo, participa en sociedades agropecuarias y forestales en Anta, entre ellas Pioneros de Anta S.A., Potrero de Anta S.A. y Antanor S.A. El estatuto de esas firmas prevé explícitamente un área de capacitación y asistencia técnica destinada a formar a organismos públicos —entre ellos, la propia policía— en "gestión ambiental" y "administración de externalidades ambientales".

Esa oferta de capacitación encuentra terreno fértil en la histórica falta de recursos técnicos de la División Ambiental y Rural de la Policía de Salta, que termina recibiendo formación financiada por corporaciones privadas y universidades aliadas como la UCASAL. La Asociación Miguel Ragone quiere que esto se entienda con toda su gravedad institucional: el mismo actor privado que expande sus capitales y adquiere tierras bajo la bandera de la conservación es quien diseña los protocolos que luego aplican los guardas y policías que patrullan el monte (Martínez Alier, 2004). Bajo el tecnicismo de "administrar externalidades", se termina instruyendo a la fuerza pública para proteger de manera irrestricta activos forestales corporativos, mientras la ciencia ambiental —que debería estar al servicio de la protección colectiva— se convierte en una herramienta que vuelve ilegibles las prácticas tradicionales de subsistencia (Scott, 1998).

Esta dinámica no es exclusiva de Anta ni de Salta: la literatura sobre conservación neoliberal ha documentado en distintos países cómo los modelos de "cercamiento verde" convierten a la naturaleza en una mercancía financiera a costa de los derechos de circulación y uso de las poblaciones locales (Cortés, 2018; Igoe & Brockington, 2006). Pero en Anta tiene una consecuencia muy concreta: cuando la policía recibe su formación técnica de una corporación con intereses comerciales sobre las mismas tierras que debe fiscalizar, deja de responder a un mandato democrático y pasa a funcionar como un dispositivo privado de seguridad con uniforme estatal.

El episodio ocurrido en la Finca San Fernando permite ver con nitidez cómo opera esta lógica en la vida cotidiana. El instructor de pesca del emprendimiento turístico que funciona en ese predio denunció ante la Policía de Salta a jóvenes de comunidades vecinas que realizaban una práctica de pesca de subsistencia en el cauce del río. Como resultado, la fuerza policial retuvo a esos jóvenes durante siete horas. La Asociación Miguel Ragone no pone en duda la buena fe de ningún individuo en particular; lo que señala es un patrón: cuando se entrena a los agentes rurales bajo la premisa de que toda intervención humana degrada el ambiente, actividades como la pesca, el pastoreo o la recolección quedan tipificadas administrativamente como delitos forestales o contravenciones ecológicas (Ferrero, 2014).

En ese desplazamiento, la policía deja de velar por la seguridad colectiva de la población de Anta para convertirse en guardiana de una frontera artificial, la que separa el "activo verde" que se vende en los mercados internacionales de carbono de las familias que quedan del otro lado de ese cercamiento. Se trata, como advierte la literatura sobre ecología política, de una "ecuación extractiva" en la que a más extractivismo —incluido el extractivismo verde de bonos de carbono— corresponde menos democracia territorial (Svampa, 2014, 2019; Ferrero, 2021), porque el uso de la fuerza policial para restringir el paso a los pobladores locales termina anulando el espacio de la política municipal y comunitaria (Azuela & Mussetta, 2009).

Es importante que tanto los legisladores como los municipios de Anta comprendan la diferencia entre dos modelos que a menudo se confunden bajo la misma palabra "conservación". Existe una participación meramente burocrática, en la que la intervención de la sociedad civil ocurre solo "en el papel" y exige a las familias campesinas e indígenas traducir su vínculo con el monte a categorías jurídicas ajenas —como "ancestralidad certificada" o "títulos perfectos"— para no ser tratadas como intrusas (Ferreira, 1996; Ulloa, 2001). Y existe, en cambio, una protección con valor real para lo local, que reconoce que el monte es dinámico, que no puede fosilizarse, y que proteger el territorio significa garantizar la autonomía, la vivienda, la soberanía alimentaria y los usos tradicionales de circulación de quienes lo habitan (Guanaes, 2015; Adams, 2000).

Hay un daño en este proceso que no aparece en ningún expediente policial ni en ningún informe de sostenibilidad corporativa, y que la Asociación Miguel Ragone considera central nombrar. Siguiendo el concepto acuñado por Valdez (2019) —quien lo desarrolló a partir de los procesos de desalojo asociados a la conservación del jaguar en el Chaco—, este avance de la conservación estricta no solo persigue objetivos biológicos: ejecuta también un desarraigo ontológico. Se fractura lo que podría llamarse el hueso del alma de las comunidades: la red de relaciones, memorias, saberes y correspondencias cotidianas con el monte, transformando espacios de vida significativos en compartimentos abstractos, estatales o corporativos, ajenos a quienes los habitan (Gómez, 2015).

Esta "desjaguarización" no se resuelve con una indemnización ni con un protocolo técnico mejor redactado. Requiere que la propia institución policial revise el lugar que ocupa en ese proceso de desarraigo. La Asociación Miguel Ragone viene señalando que el comportamiento cotidiano del personal policial de calle no cambia mediante reglamentos abstractos dictados desde una oficina, sino que se valida o se corrige en el "pequeño grupo de referencia" de la patrulla, en el día a día del trabajo policial. Es allí, en esa cotidianidad, donde puede introducirse el discernimiento ético frente al mandato de obediencia ciega, y donde un agente puede empezar a concebirse a sí mismo como un conciudadano del monte y no como guardián de una frontera privada.

A esto se suma una dimensión subjetiva que rara vez se discute públicamente: la masculinidad hegemónica que históricamente asoció el honor policial con la dominación, la virilidad y el control absoluto de los sentimientos (Elias, 1968). Reemplazar esa matriz por una que integre el cuidado, la vulnerabilidad compartida y la empatía frente a quien no porta un arma no es un gesto simbólico: es, para la Asociación Miguel Ragone, una condición necesaria para que la fuerza policial deje de operar como brazo ejecutor de intereses ajenos a la comunidad que dice proteger.

Para comprender por qué este patrón se repite —en Anta y en tantos otros territorios—, la Asociación Miguel Ragone considera necesario mirar la historia larga de la función policial, no para exculpar a nadie, sino para entender qué se está reproduciendo. La institución policial no tiene una naturaleza fija: nació en la modernidad temprana como una técnica administrativa orientada a la prosperidad y el bienestar de la población (Elias, 1968), pero con el avance del liberalismo económico del siglo XVIII quedó reducida a un rol de contención punitiva de las masas que alteraran el orden de los mercados (Foucault, 2000).

El siglo XX profundizó esa herencia de un modo trágico. Como señala Hobsbawm (1995), fue el siglo más mortífero de la historia por la escala industrial y burocrática de sus violencias estatales. En América Latina, esa escala se tradujo en la doctrina de la seguridad nacional: Robin (2006) documentó cómo la escuela militar francesa adoctrinó a las Juntas Militares del Cono Sur en técnicas contrainsurgentes ensayadas en Argelia e Indochina, sentando las bases de la ingeniería represiva del Plan Cóndor. Las policías provinciales argentinas, incluida la de Salta, fueron asimiladas de manera vertical a esa maquinaria durante la última dictadura militar (1976-1983), lo que dejó como herencia el corporativismo represivo, los pactos de silencio y un profundo distanciamiento con la ciudadanía civil.

La Asociación Miguel Ragone considera que ese pasado no es un capítulo cerrado: es una estructura de hábitos institucionales que, si no se revisa activamente, reaparece bajo formas nuevas. Hoy, en la posmodernidad globalizada, el Estado debilitado frente al poder económico transnacional tiende a instrumentalizar a la fuerza pública para asegurar cercamientos y guetos estéticos de las élites frente a las mayorías, convirtiendo a la policía en el "chivo expiatorio" de tensiones que el propio sistema económico produce. Bajo esta lógica, opera también lo que puede llamarse un racismo de la apariencia o "portación de rostro" (Foucault, 2000): la pertenencia étnica o la condición socioeconómica de un poblador rural pasa a funcionar como un indicador automático de sospecha, del mismo modo en que operó contra los jóvenes detenidos en el Río Seco.

Por eso, activar la memoria colectiva sobre la subordinación histórica de las policías locales a los planes represivos de los años setenta no es un ejercicio meramente conmemorativo. Es, para la Asociación Miguel Ragone, una herramienta concreta de política de seguridad: solo tramitando activamente esa culpa institucional los cuadros jóvenes de la fuerza pueden rehusarse a convalidar formas contemporáneas de "limpieza social" o de exclusión verde, y desmitificar la idea del "delincuente esencial" o del "poblador intruso".

El departamento de Anta, en el este salteño, condensa de manera dramática una tensión que excede lo local. Por un lado, es un territorio históricamente apropiado y expulsor: la expansión de la frontera agropecuaria y los agronegocios vinculados a monocultivos extensivos como la soja generaron tensiones por la tenencia de la tierra, deforestación y expulsión de comunidades originarias y de pequeños productores criollos de sus hábitats tradicionales (Klarik, 2023; Schmidt et al., 2022). Cuando el Estado responde a esas conflictividades socioambientales únicamente con el paradigma de la seguridad del orden, la policía termina resguardando los intereses de los grandes capitales y profundizando el desarraigo de la población local, sea que ese capital provenga del agronegocio o de la conservación corporativa y los mercados de carbono.

Por otro lado, Anta guarda en su memoria social la identidad de una tierra de oportunidades y riqueza. Para sus antiguos pobladores, el monte y los sistemas productivos de pequeña escala no representaban atraso, sino espacios de autonomía, subsistencia digna y un arraigo cultural profundo (Klarik, 2023). La Asociación Miguel Ragone quiere subrayar ante los legisladores y los municipios que estas dos caras de Anta no son contradictorias en el sentido de que una deba imponerse sobre la otra: el desafío real de quienes legislan y de quienes diseñan políticas públicas es reconciliarlas, es decir, poner en armonía los sistemas productivos regionales y nacionales con el bienestar y la permanencia de la población local (Vega, 2015).

La Asociación Miguel Ragone no formula estas advertencias para señalar culpables individuales, sino para proponer un camino de transformación institucional que involucra a distintos actores con distintas responsabilidades. A continuación, se detallan las líneas de acción dirigidas a cada uno de los públicos de este documento.

Para el personal policial, en particular la División Ambiental y Rural

La Asociación Miguel Ragone invita a cada agente a reconocer que su función no consiste en resguardar los activos de un lodge (alojamiento turístico) o de una fundación privada, sino en garantizar la convivencia y la seguridad de toda la comunidad, incluidas las familias que pescan, pastorean o recolectan en el monte. Se propone reorientar el trabajo cotidiano bajo un enfoque preventivo y epidemiológico —de prevención primaria y secundaria—, dirigido a los verdaderos delitos ecológicos de gran escala: los desmontes ilegales, el uso indiscriminado de agrotóxicos y los incendios intencionales agrarios, y no la pesca o la caza de subsistencia rural. Asimismo, se alienta a que los espacios de formación interna incorporen una revisión pedagógica crítica de los vínculos históricos entre las policías provinciales y el terrorismo de Estado, como camino para fortalecer —y no debilitar— el compromiso profesional con los derechos humanos.

Para los legisladores y el poder legislativo provincial

La Asociación Miguel Ragone solicita a los legisladores impulsar una norma que prohíba de manera taxativa que corporaciones con intereses comerciales inmobiliarios o de bonos de carbono financien, coordinen o dicten los contenidos de formación técnica de las fuerzas de seguridad estatales. La doctrina y la capacitación policial deben ser patrimonio exclusivo de una conducción civil democrática, articulada con universidades públicas y organismos de derechos humanos, y no con las mismas empresas cuyos activos la policía luego custodia. Se propone además avanzar en mecanismos legales de recategorización de tierras —como las Reservas Provinciales de Uso Múltiple— que permitan zonificar de forma participativa los territorios, garantizando áreas de uso y reproducción material para las familias rurales.

Para los municipios de Anta

La Asociación Miguel Ragone convoca a las autoridades municipales a instalar los protocolos de fiscalización ambiental en los ejidos municipales y en asambleas populares, y no en las oficinas de los lodges o fincas privadas. Los protocolos que rigen el control ambiental del territorio deben debatirse y validarse en audiencias públicas con la participación de vecinos y organizaciones populares, y no diseñarse unilateralmente por consultoras corporativas. Se propone también incorporar a los jóvenes de las comunidades vecinas, de forma remunerada, como guardas comunitarios y mediadores interculturales del monte: ellos constituyen el puente capaz de articular el rigor de las ciencias ambientales con el saber artesanal-campesino y las memorias orales de sus mayores (Guanaes, 2015).

Para la población del monte anteño

Finalmente, la Asociación Miguel Ragone se dirige a las familias que habitan el monte para recordarles que sus prácticas de subsistencia —la pesca, el pastoreo, la recolección— no son un delito ni una amenaza ecológica: son parte constitutiva de un socio-ecosistema que ellas mismas han tejido y sostenido durante generaciones. Se las invita a organizarse, a participar de las asambleas y audiencias públicas donde se discutan los protocolos de fiscalización ambiental, y a acercar sus testimonios a la Asociación Miguel Ragone y a otras organizaciones de derechos humanos frente a cualquier situación de detención, hostigamiento o denuncia que consideren arbitraria.

La Asociación Miguel Ragone entiende que Anta funciona hoy como un espejo de una tensión más amplia, que atraviesa a buena parte de la Argentina rural: la de un territorio que puede seguir siendo apropiado y expulsor de su gente, o que puede recuperarse como lo que fue para sus antiguos pobladores, una tierra de oportunidades y de riqueza construida sobre la autonomía y el arraigo. Esa disyuntiva no se resuelve solo con buenas intenciones: exige que la policía deje de ser el brazo coactivo de intereses privados y pase a ser garante de la convivencia; que los legisladores prohíban por ley la financiación corporativa de la doctrina policial; que los municipios abran la fiscalización ambiental a la participación popular; y que la propia comunidad del monte se organice para hacer valer sus derechos.

Ninguno de estos cambios depende de un solo actor. Por eso la Asociación Miguel Ragone convoca a policías, legisladores, funcionarios municipales y pobladores del monte anteño a construir, juntos, una seguridad que ponga en el centro a las personas como parte del ecosistema y no como su enemigo. Solo así la trama biológica y cultural del monte de Anta podrá seguir creciendo, libre de desposesiones, en un territorio verdaderamente común.

Adams, W. (2000). Green development: Environment and sustainability in the Third World. Routledge.

Azuela, A., & Mussetta, P. (2009). Algo más que el ambiente: Conflictos sociales en tres áreas naturales protegidas de México. Revista de Ciencias Sociales, Segunda Época, (16), 191-215.

Cortés, J. A. (2018). De la naturaleza como mercancía a la naturaleza como empresa: Políticas de conservación en tiempos de crisis y neoliberalismo. En B. Santamarina, A. Coca, & O. Beltran (Coords.), Antropología ambiental: Conocimientos y prácticas locales a las puertas del Antropoceno (pp. 99-116). Icaria.

Elias, N. (1968). El proceso de la civilización: Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. Fondo de Cultura Económica.

Ferreira, L. (1996). Populações tradicionais e áreas protegidas no Brasil: Dilemas e conflitos. En Islands of nature: Anthropological perspectives on conservation.

Ferrero, B. (2014). Etnografía de la gestión pública y los guardaparques en áreas protegidas. Editorial UNL.

Ferrero, B. (2021). La lucha isleña: Periodización del conflicto socioambiental en el Parque Nacional Islas de Santa Fe. Etnografías Contemporáneas, 9(16), 66-84.

Ferrero, B., & Arach, O. (2021). Los límites de la participación burocrática: Reflexiones a partir de la creación del Sitio Ramsar Delta del Paraná. En F. Trentini & S. Guiñazú (Eds.), Más allá (y más acá) del diálogo de saberes: Perspectivas situadas sobre políticas públicas y gestión participativa del conocimiento. Editorial IIDyPCA.

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Gómez, E. (2015). Compartimentalización y áreas naturales protegidas: Un enfoque procesual. Geograficando, 11(1), 1-22.

Guanaes, S. A. (2015). Dilemas ao redor da biodiversidade: Reflexões a partir do Vale do Pati na Chapada Diamantina, Brasil. Islands of Nature, 168-188.

Hobsbawm, E. (1995). Historia del siglo XX. Grijalbo y Mondadori.

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Martínez Alier, J. (2004). El ecologismo de los pobres: Conflictos ambientales y lenguajes de valoración. Icaria.

Robin, M.-M. (2006). Escuadrones de la muerte: La escuela francesa. Editorial Sudamericana.

Santos, C. (2016). Las áreas protegidas en Uruguay: Impotencias estatales, potencias instituyentes y nuevas impugnaciones a la conservación. Islands of Nature, 333-362.

Schmidt, M., Tobías, M., Toledo López, V., & Merlinsky, M. G. (2022). Conflictos por el agua y el uso de agroquímicos en Salta y Santiago del Estero, Argentina: Un análisis desde la ecología política. Agua y Territorio / Water and Landscape, (21), e5889.

Scott, J. C. (1998). Seeing like a state: How certain schemes to improve the human condition have failed. Yale University Press.

Svampa, M. (2014). Maldesarrollo: La Argentina del extractivismo y el despojo. Katz Editores.

Svampa, M. (2019). Las fronteras del extractivismo en América Latina: Conflictos socioambientales, giro ecoterritorial y nuevas dependencias. Bielefeld University Press.

Ulloa, A. (2001). El nativo ecológico: Percepciones sobre los pueblos indígenas en los discursos ambientales globales. En Políticas de la naturaleza y diversidad cultural.

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Vega, M. L. (2015). Un nuevo método para la evaluación de la sustentabilidad agropecuaria en la provincia de Salta, Argentina. RIA. Revista de Investigaciones Agropecuarias, 41(2), 180-192.

MANIFIESTO POR LA DEMOCRACIA SINDICAL Y LA SEGURIDAD POPULAR

La Asociación Miguel Ragone y la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos por Razones Políticas y Gremiales de Salta denuncian la brutal agresión física contra Alicia Tolaba, referente de la CTA Autónoma de Pichanal. Este ataque no es un hecho aislado, sino el resultado de una escalada sistemática de amenazas y presiones desplegadas durante el proceso electoral gremial para imponer una "unidad a la fuerza" mediante métodos de patota.

El manifiesto advierte sobre el peligro de las estructuras burocráticas que conciben los sindicatos como feudos personales, recurriendo a la violencia política y de género para disciplinar a las bases. Ante un escenario nacional de creciente autoritarismo, las organizaciones reivindican la memoria activa de Salta y exigen una transición hacia una Seguridad Popular y Democrática. El documento es un llamado urgente a romper el silencio institucional y defender una democracia de los trabajadores soberana, sin proscripciones ni violencia.

 

Síntesis uno
Salta, 4 de julio de 2026.

Desde la Asociación Miguel Ragone y la Asociación de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Gremiales y Políticas de Salta, nos solidarizamos de manera irrestricta con la compañera Alicia Tolaba.

Exigimos que todos los sectores de la vida pública, política y gremial que se dicen comprometidos con los valores de la justicia social, la democracia real y la erradicación de la violencia de género, rompan el silencio corporativo y se expresen en igual sentido de repudio. El silencio frente al atropello es complicidad institucional.

Frente al autoritarismo y la disgregación de los lazos solidarios, oponemos la memoria activa, la articulación transdisciplinaria y la autogestión de nuestras propias garantías de paz y libertad.

¡Democracia sindical sin violencia ni proscripciones!

¡Memoria, Verdad y Justicia para una Seguridad Popular!

 Explicación extensa

REPUDIO Y DENUNCIA: LA BRUTAL AGRESIÓN EN PICHANAL

Fieles a nuestra herencia histórica de defensa de los Derechos Humanos y de la dignificación de las organizaciones populares, repudiamos y denunciamos enérgicamente la brutal agresión física perpetrada contra la compañera Alicia Tolaba, referente social y dirigente de la CTA Autónoma de Pichanal.

Este cobarde ataque físico no constituye un hecho aislado. Es el eslabón final de una escalada sistemática de violencia que incluyó amenazas, aprietes y presiones indebidas. Este hostigamiento fue desplegado de manera coordinada en el marco del plazo legal para el armado y presentación de listas de las elecciones de la central de los trabajadores, operado tanto por sectores mezquinos de la provincia como por referentes autodenominados "nacionales".

La democracia sindical muere en la práctica cuando los discursos de unidad se imponen a la fuerza y a palos.

 

EL FRAUDE DE LA "UNIDAD A LA FUERZA": ¿QUIÉNES SE BENEFICIAN?

Como organizaciones nacidas de la resistencia gremial y política, conocemos de cerca las trampas de la burocracia corporativa. Denunciamos con total claridad el trasfondo de la violencia sufrida por la compañera Tolaba.

Estas maniobras violentas y verticales no responden a las necesidades reales de las bases, no construyen poder popular ni mejoran las condiciones de vida de la clase trabajadora. Solo alimentan las ambiciones de cúpulas e individuos vacíos de legitimidad, que conciben las instituciones gremiales como feudos personales o guetos de privilegios. Es un beneficio abstracto y estéril que destruye la confianza colectiva.

Imponer consensos ficticios mediante el uso de la coerción física y el pacto espurio de desmovilización de los trabajadores atomiza las bases sindicales. El verdadero perjudicado es el tejido popular, que queda desamparado frente a las políticas de ajuste global. Esta práctica nos sumerge en el camino de desaciertos históricos que ya han costado demasiada sangre y dignidad a nuestro pueblo.

 

LA IMPERATIVIDAD DE LA DEMOCRACIA TRABAJADORA

Reafirmamos una certeza irrenunciable: sin democracia de los trabajadores no hay proyecto político, social ni económico posible para recuperar nuestros derechos y nuestro futuro.

La violencia política y, específicamente, la violencia de género ejercida contra dirigentes mujeres que ponen el cuerpo en los territorios más vulnerabilizados del interior de Salta, busca disciplinar a la base del movimiento. Quienes recurren a los métodos de la patota y el apriete informal reproducen la misma matriz subjetiva, verticalista y patriarcal de las estructuras policiales tradicionales del orden y a las cueles comúnmente critican. Es una lógica que escinde el cuidado, deshumaniza la política y transforma al semejante en un enemigo a destruir.

 

EL AVANCE AUTORITARIO Y LA MEMORIA COMO TRINCHERA

Desde Salta, tierra marcada por el dolor indeleble del Terrorismo de Estado y bendecida por la memoria activa de nuestro exgobernador Miguel Ragone —único mandatario provincial asesinado por la barbarie parapolicial antes del golpe de 1976— levantamos nuestra voz en un momento difícil para todo el pueblo argentino. Asistimos con profunda alarma social a un escenario nacional de creciente autoritarismo, precarización de la existencia y fragilidad democrática.

En este contexto, las estructuras de poder pretenden reconvertir a las instituciones en brazos represivos para contener la exclusión. Ante ello, reivindicamos la transición urgente hacia una Seguridad Popular, Democrática y Soberana, mediante la gestión pacífica de las conflictividades y la expansión real de los derechos de la ciudadanía. No hay seguridad posible si se persigue al que lucha, si se aísla a la fuerza policial de la comunidad civil, o si se violenta la organización trabajadora.

 

 

Seguridad para la Vida, No para el Cercamiento

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